Os entiendo: para los que vivís en sitios medianamente desarrollados, medianamente poblados, y con un futuro medianamente prometedor, un cementerio nuclear no es una opción. Pero entiendo también a todos los municipios que postularon sus candidaturas al cementerio nuclear, y entiendo que los habitantes de Villar de Cañas y sus aledaños se estén frotando las manos pro lo que finalmente van a ver en sus pueblos.
Y los que no lo entienden es que no conocen la realidad del mundo rural. Trato de explicarlo.
Por malo que sea un cementerio nuclear, y esas cosas nunca pueden ser buenas, aunque quizás tampoco tan malas como las pintan, nunca puede ser tan malo como la simple destrucción por abandono.
Cuando instalan un cementerio nuclear en tu pueblo, las autoridades tienen buen cuidado de hacer revisiones periódicas a todo el mundo, procurar que haya cerca un centro de salud, vuelve a haber escuelas, vuelve a haber transporte público, vuelve a haber consultorio médico, empiezan a funcionar los teléfonos móviles, empieza a funcionar internet, arreglan las carreteras, quitan la nieve en invierno… ¿sigo?
Pues bien: todo eso NO lo tienen ahora en muchos, muchísimos pueblos, con lo que un cementerio nuclear, aunque parezca increíble, alarga la vida de la gente, ahora abandonada, impone revisiones y medicina preventiva, ahora inexistente, y permite vivir a los que nadie tenía en cuenta.
¿Y produce daños? Seguramente. ¿Y contaminación? Fijo. Pero pensad una cosa que escuché hace poco: la suma de todo lo que se traguen los habitantes de Villar de Cañas no será ni la mitad de la suma de lo que ya se está tragando un madrileño medio, con las calefacciones, el tráfico, y las antenas de telefonía, entre otras lindezas que no me paro a enumerar.
Puede que en las inmediaciones del cementerio nuclear se produzcan algunos casos de cáncer más de lo habitual, pero también se detectarán y curarán muchos de los comunes que antes nunca se hubiesen detectado, pro la falta de atención. La suma no es del todo negativa, como ya saben los pueblos que albergan una centra nuclear.
Así las cosas, un lugareño de Cuenca, con este proyecto, no hace más que ponerse al nivel de riesgo de cualquier urbanita. Y obtiene más, mucho más, porque en las grandes ciudades te comes la porquería gratis, sin recibir millonadas a cambio…
La otra posibilidad era morir de risa. Permitidme que los comprenda…

Pingback: Morir de cáncer o morir de risa
No sabía yo que en Madrid la contaminación fuera de origen nuclear…
Por lo demás, buena reflexión.
Extraña percepción del impacto radiológico que una instalación como está tendrá sobre la población dices que “Puede que en las inmediaciones del cementerio nuclear se produzcan algunos casos de cáncer más de lo habitual” ¿por qué? ¿acaso los operarios de centrales nucleares caen como moscas? no, y en una instalación como está su exposición a la radiación es muchísimo menor y ya no te digo el publico general. Un ejemplo gráfico, en la revista Estratos nº 93 que publica Enresa hay una foto de la comisión interministerial que fue a visitar el centro que se está utilizando de referencia en Holanda, en la foto se les ve situados justo encima de los contenedores del residuos sin ningún tipo de protección (pag 17):
http://www.enresa.es/files/multimedios/estratos93.pdf
¿por qué? pues porque dichos contenedores son suficientes para aislar la radiación, ya no te digo el publico que se encuentra fuera de los muros 1,7 metros de grosor que tiene la instalación.
Mucha gente tiene una percepción del riesgo un tanto peculiar, ahí lo apuntas bien, la polución misma que hay en cualquier gran ciudad tiene un impacto en la salud infinitamente superior que la que tendrá esta instalación en Villar de Cañas.