Historia del juego de las llaves, o cómo quedar como un idiota.

Lo que más le jode a uno de pueblo es quedar como un paleto, y tengo el dudoso honor de ostentar una de las plusmarcas nacionales de boina a rosca. Esta anécdota es tan escabrosa que voy a decir solamente que ocurrió en 2007.

Las casas grandes tenemos la ventaja de que además de para visitar el campo solemos servir para reuniones de amigos que no pueden juntarse en otro sitio, pero a veces tenemos también algunos inconvenientes: que vienen a visitarnos los grupos más raros que uno se pueda imaginar, desde paramilitares con deseos de guerrear en el monte a gente dispuesta a guerrear de otro modo.

El caso es que se presentaron en casa 12 personas, todos muy alegres, joviales y muy majos. Pagaron como campeones y a la hora de darme los carnés de identidad resulta que desapercieron misteriosamente cuatro o cinco personas. Ya estoy acostumbrado a eso, porque no todo el mundo viene con quien dice que viene, y en las casas de alquiler completo el que firma el contrato se hace responsable de todo el grupo.

Me pidieron luego que les enseñase la casa y recorrimos una a una las habitaciones, que les parecieron estupendas, aunque empezaron a hacerse señas entre ellos. Yo ya me iba cuando uno de ellos se me acercó y me preguntó si no había llaves en las puertas de las habitaciones.

-Sí, las hay, pero no las tengo aquí. Normalmente vienen grupos de amigos, y familias… -traté de disculparme.

-Sí, sí. Nosotros también somos amigos, pero nos hacen falta las llaves de las habitaciones -me respondió el tipo aquel.

Yo, sorprendido, me encogí de hombros y le dije que las tenía en un pueblo sa cuarenta kilómetros, esperando que eso lo disuadiera.

-No se preocupe, que le esperamos -me respondió.

Y no tuve más remedio que, entre juramentos y blasfemias para mis adentros, coger el coche, hacer 80 kilómetros de ida y vuelta, y volver con las llaves.

Cuando volví había montada una juerga importante y la vieja barra del bar estaba llena de vasos y botellas. Les entregué las llaves, me dieron las gracias y hasta me invitaron a una copa, que no acepté proque tenía que volver a coger el coche.

-Y perdone que le hayamos hecho ir a por las llaves, pero es que eran imprescindibles -se disculpó el que las había exigido.

-¿Tan poca confianza hay en el grupo? -pregunté con ironía.

El tío se echó a reír, me pasó una mano pro el hombro, y me dijo:

-Lo que sobra es confianza. Los tíos nos metemos en las habitaciones y las mujeres se rifan las llaves. ¿Entiende?

La cara de gilipollas que debí poner aún me dura cuando lo recuerdo.

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2 Responses to Historia del juego de las llaves, o cómo quedar como un idiota.

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  2. Rodolfo says:

    jajajajaja, lo ultimo quye me hubiera esperado jajajaja
    a mi tambien se me habria quedado cara de bobo.

    jajajajaja

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